La voz, la radio

La voz, la radio

Carlos Omar lleva seis décadas animando las mañanas de la radio

Nació bajo el nombre de Carlos Omar Bareilles, en Santa Rosa, La Pampa. En Comodoro Rivadavia y la región, donde vive desde niño, se lo conoce sin tantas vueltas como Carlos Omar. Por su estilo, perseverancia y permanencia, es además el símbolo de la radio en la Capital Nacional del Petróleo. Esa donde hace 60 años comenzó a incursionar con Mañanas Alegres y luego con Nuestras Mañanas.

 

Siempre prolijo frente al micrófono y lejos del mismo, Carlos Omar recibe a El Patagónico una hora después de haber terminado la emisión diaria de Nuestras Mañanas. Ese ritmo “bien comodorense” de cada despertar de lunes a viernes es el que impuso junto a uno de los compañeros de vida y de ruta, Juan Carlos Negri. Con él comenzó  a hacer 15 minutos de radio, entre las 8 y las 8.15, hace 60 años en Radio Comodoro Rivadavia, como antes se llamaba LU4 –actual Radio Patagonia Argentina- y con quien rompió sin proponérselo ese estilo de radio acartonada que se hacía en aquel entonces.

“No lo pensamos mucho pero se dio porque por un lado éramos jóvenes y además nos llevábamos bien. Así que un día comenzamos a agregarle cosas a lo que simplemente era el panorama informativo. Nos divertíamos mucho y la gente se enganchó. Así, un poco en broma y un poco en serio, comencé esta historia maravillosa de la radio”, acota Carlos Omar.

José Alvarez Lorenzo, quien en ese momento era director de LU4, puso a los jovencitos en una encrucijada con tono firme. “O me hacen un panorama serio o se dedican al humor, pero nada de mezclar las cosas”, les advirtió con voz severa pero también seguro de cuál iba a ser la elección y el beneficio que este le depararía a la emisora.

Los locutores en ciernes no lo pensaron demasiado, si bien siguieron con noticias, optaron por hacer algo más entretenido,  y la gente respondió de manera masiva. “Empezamos con esos 15 minutos, luego nos fuimos a 45, una hora, tres horas, y bueno luego terminamos con Mañanas Alegres, ya sin Negri, que se fue a estudiar a Buenos Aires”, explica Carlos Omar.

En LU4, con Mañanas Alegres, Omar estuvo más de 30 años. Su voz y su programa siempre fue el más escuchado, algo que no cambió con la aparición de nuevas radios. En el medio, fue dueño de la agencia Excelsior Publicidad junto a otro compañero y amigo de la vida, Mario Bladilo, hasta que hacia fines de la década de los 90 decidió  apostar fuerte por la radio propia.

“Después de irnos de LU4, pasamos a Radiovisión, estuvimos un tiempo en Radio City porque estábamos preparando Radio Del Mar. Yo no quería, yo quería seguir con la agencia, pero mis hijos, el Oso y Claudio Guillermo y Héctor Cárdenas me convencieron. Y acá estamos”, rescata.

A principios de los 90 la salida de LU4 y el pase a Radiovisión fue traumático, ya que nadie sabía cómo podía responder el oyente que, de manera inapelable, dejó de escuchar en ese horario a la radio de la calle Rivadavia y fue con Carlos Omar, dónde el estuviera.

“Y para mí y el equipo de trabajo fue un gran orgullo, alivio y responsabilidad. Hoy, gracias a Dios, la gente nos acompaña donde estamos y eso, además de una alegría, me da una obligación y una responsabilidad, que acepto con peso, responsabilidad y con mucho gusto”, señala el locutor que sigue haciendo historia todos los días.

A lo largo de estos 60 años, Carlos Omar no sólo ganó  el cariño y el respeto del público, también muchos premios y el reconocimiento de la Asociación de Radiodifusoras Privadas Argentinas (ARPA), que en su Galería de Voces colocó su foto –la única de un locutor de Comodoro y la patagonia- como reconocimiento a la trayectoria y a un caso único: 60 años de trabajo ininterrumpido en radio.

 LA VIDA MISMA

La pregunta es cómo se maneja semejante demostración de cariño diario. “La radio para mí es la vida misma. Soy un loco que se levanta muy temprano a la mañana, que viene a la radio dos horas antes de que comience el programa. Voy preparando todo para salir lo mejor posible, y esto es lo que hice toda la vida. No lo hago por ego, sino por respeto, y creo que la respuesta de la gente indica que, algo debo haber hecho bien”, responde.

El nombre de Carlos Omar no solo está asociado a la radio, también a Comodoro Rivadavia porque, quieran o no algunos, es la voz de esta ciudad, que pasó de ser un pueblo y campamento petrolero a la tumultuosa, pujante y muchas veces complicada, Capital Nacional del petróleo.

“Y esta ciudad me dio todo. Es la que permitió  cumplir mi sueño y vocación. La familia vino a Comodoro, como la mayoría, buscando un mejor destino. En Santa Rosa nos estábamos muriendo de hambre, y mi padre (Agapito Bareilles) decidió venir acá con mi madre (Elena Achimón), donde comenzó como peón en el campo petrolero, como baterista. Con mucho sacrificio mantuvo a la familia, y nos permitió a mi hermano René y a mí, estudiar”, destaca.

Ese Comodoro de antaño, de calles sin pavimento, con policías dirigiendo el tránsito desde una especie de barril colocado sobre una plataforma, a este con avenidas que suben y bajan, con gente por todos lados, es muy distinto.

“El progreso y el crecimiento traen cosas buenas y de las otras. Es muy lindo recordar cómo empezamos como familia y como pueblo, y cómo estamos ahora. Uno puede ponerse nostálgico y pensar que lo anterior era mejor, pero está claro que era otra cosa, y que este Comodoro tiene muchas cosas buenas y otras que corregir, pero es nuestra ciudad”, apunta orgulloso.

Es por esa razón que el hombre de la radio sigue en Comodoro y sigue detrás de un micrófono abriendo con su clásico “buenos días”, cinco horas de transmisión con ritmo auténticamente comodorense, ese que el puso en marcha hace 60 años para no detenerse nunca.

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El estudiante que se hizo animador y luego locutor

Antes de llegar a Radio Comodoro Rivadavia, luego LU4, Carlos Omar ya hacía locución, pero de manera informal en el Colegio Perito Moreno, donde animaba los recreos con una radio escolar. Pasaba música y metía sus primeras palabras frente a un micrófono.

Desde ahí, por expreso pedido, que en realidad  fue una orden del rector Fernando Martínez, comenzó  a animar los actos de graduación y luego a presentar  orquestas y músicos, tanto de Comodoro Rivadavia como del resto del país que llegaban a esta ciudad atraídos por el boom petrolero.

“’Usted me va a hacer de animador’, me ordenó  el rector, y si bien a mí me gustaba, tenía un poco de temor. Empecé con el acto de graduación en el Teatro Español y la verdad que después de eso, como gustó, no paré más”, rememora.

Carlos Omar presentaba las actuaciones del Grupo Uno, de Los Cometas, de los Hermanos Calo, y de todos los que estaban surgiendo o visitaban la ciudad. “Me gustaba mucho, la gente se enganchaba y entonces siempre me invitaban a hacer la conducción. En aquel entonces, no pensaba que esa iba a ser la semilla o el comienzo de una vida profesional que ya lleva 60 años”, indica.

“Ahora ya estoy en edad de jubilarme, lo tendría que haber hecho hace tiempo y darle paso a la juventud, pero no me dejan, y como la gente me sigue acompañando, sigo gustoso”, afirma entre risas.

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Su maestro, los hijos, la radio

“Cuando comencé nunca pensé vivir de esto. De hecho, muchos años trabajé gratis. Lo hacía porque me gustaba. Yo salí de un concurso que hicieron en Radio Comodoro Rivadavia, y luego me vinculé con Excelsior que era de Jorge Canel, que fue mi maestro”, rememora Carlos Omar.

En ese equipo de Excelsior Publicidad, donde “todos nos moríamos por salir al aire”, estábamos con (Juan Carlos) Negri, (Mario) Bladilo, y otros más. Empecé con el programa Infantil de Casa Canela, luego vino Las peñas Gauchas de Gilmore, y recién después hice alguna suplencia en la radio”, recuerda.

“Un tempo después, con Bladilo le compramos la agencia a Canel, que se iba a Buenos Aires, y así estuvimos con socios con Mario, como 30 años. Tuvimos que disolver la sociedad cuando él se enfermó, y entonces yo abrí  Carlos Omar Producciones, y de ahí desemboqué, tiempo después en la radio propia”, explica.

“Hoy Radio Del Mar es de mis hijos (Carlos Omar ‘Oso’ y Claudio Guillermo) y de Héctor Cárdenas. Hacemos un buen equipo de trabajo, y para mí es un verdadero orgullo que esta pasión la hayan heredado mis hijos, y hasta mis nietos”, comenta al recordar que tanto “Osito” como Vicente, hicieron algo de radio, antes de meterse de lleno en sus estudios.

“Que mis hijos hayan seguido este camino me llena de orgullo. Los escucho y me gusta mucho lo que hacen. La gente pese a que los estilos son distintos, los respalda, y entonces me siento agradecido. Creo que eso es lo más lindo de la vida, eso no se compra con nada”, asegura.

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La radio, la vida

 

La pregunta es sencilla y la respuesta, pese a que tarda un segundo en producirse, uno en el que posiblemente pasen por la cabeza 60 años de trayectoria, también lo es.

¿Qué es la radio para Carlos Omar?

“Mi vida. Mi vida total”, agrega sin dudar y recuerda que también se trata de una práctica diaria. “Me levanto temprano, me vengo dos horas antes del programa. Yo al principio, siempre digo, no quería poner la radio porque sabía que iba a estar las 24 horas escuchándola. Hoy, con el paso del tiempo, estoy agradecido y dispuesto a seguir arrancando todos los días, hasta que la gente me diga basta”.

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Fuente: Suplemento aniversario de El Patagónico

 

 

One thought on “La voz, la radio

  1. El más grande! Sin dudarlo. Todos alguna vez lo escuchamos y aquellos que hacemos radio en alguna ocasión lo imitamos . Un monstruo Carlos Omar

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