Panorama negro en este primero de mayo

Panorama negro en este primero de mayo

(Saúl Gherscovici) El 1 de mayo, el día internacional del trabajo, siempre es un día de lucha y de reclamo. Como tantas fechas, en las que el saludo social y repetitivo es “de feliz día”, por su historia y actualidad se trata no de un día de festejos sino de uno de reivindicaciones.

Comodoro Rivadavia, la capital  nacional del petróleo, no sólo sufre el desastre natural, ese terrible temporal que devastó la ciudad, también de un tiempo a esta parte, y día a día ve como se resiente el mercado laboral, ese que nutre la vida de cada uno de sus habitantes.

En las vísperas del día del trabajador, en Comodoro se conoció la salida de SINOPEC de la operación del yacimiento Bella Vista Oeste, algo que se estaba esperando desde hace tiempo, y también el envío de nuevos telegramas de despido a  trabajadores petroleros.

Estos dos hechos dinamitaron la posibilidad de que mañana, según lo que se había anunciado, se firme en Buenos Aires un acuerdo de paz social, mediante el cual y a través de subsidios y otras medidas paliativas, se pensaba frenar los despidos en el sector petrolero.

Este acuerdo social, que en realidad surgió a partir del desastre que dejó el temporal y la necesidad que hasta el propio gobierno nacional sintió de no agravar el panorama, agregando despidos a las  toneladas de lodo que hay todavía en las calles.

La decisión del gobierno nacional de cerrar un acuerdo de paz social, no estuvo basada en una sensibilidad que definitivamente no tiene, sino en la necesidad de no complicar aún más las chances que tiene de caras a las elecciones intermedias y trascendentales de octubre próximo.

Este acuerdo ya casi a punto de firmarse se desdibujó a partir de la practicidad de las operadoras que, más allá de los compromisos públicos asumidos o que algunos entienden que asumieron, sigue manejando su economía en función de los números y no de las sensibilidades y humores sociales.

Al fin y al cabo, al sector privado se le podrá reclamar lo que ahora se encierra bajo las palabras de responsabilidad social empresaria, pero es el Estado el que, en estas situaciones angustiantes y de desequilibrio, debe buscar la forma e instrumentar las acciones que sean necesarias para asegurar trabajo y certidumbre. Claro está que, de un tiempo a esta parte, tenemos un Estado y un gobierno manejado por ministros CEOS, en lugar de funcionarios políticos, en el buen sentido de la palabra.

La estadística oficial indica que, desde que Macri asumió el gobierno, en todo el país se perdieron, como mínimo, 100.000 puestos de trabajo, y que de ellos unos 23.000 serían de la Patagonia, donde nunca es fácil vivir y desarrollar una vida y por eso siempre, al menos hasta hace un tiempo, se pensaban e instrumentaban acciones y decisiones para poblarla y desarrollarla.

De esa estadística negra y real, hay que decir que hasta hace unos meses, los despedidos en Chubut fueron 3892 trabajadores y en Neuquén, pese a la flexibilización aceptada por el sindicalista petrolero y senador nacional Guillermo Pereyra, unos 3500.

Estamos hablando, básicamente, del sector petrolero al que, según las palabras del  ministro de Energía, Juan José Aranguren, le sobran otros 3800 trabajadores a los que, merced al temporal, se los iba a contener con REPRO, que ahora vuelven a estar en situación de riesgo.

Pero el petrolero no es el único sector afectado, hay que hablar de lo que pasa en la construcción, y en las textiles donde, entre otras cosas, una empresa de más de 60 años se fue de la ciudad y dejó abandonada a su suerte a 274 familias, cuyos integrantes ni siquiera saben hoy, 6 meses después del cierre, si cobrarán o no sus indemnizaciones y las quincenas que trabajaron pero no percibieron.

Así están las cosas, en este primer día de mayo,  que nunca fue día de festejo pero mucho menos lo es ahora, que estamos nuevamente en épocas de flexibilización, jubilaciones anticipadas, retiros voluntarios, y tiempos que corren siempre en contra del trabajador.

 

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