Un señor,  con ideas claras

Un señor,  con ideas claras
d_feldman@clarin.com

(Saúl Gherscovici) El jueves, a los 69 años, falleció el ex senador y ex intendente Marcelo Guinle. Su partida deja, sin dudas, un claro vacío en el escenario y mapa político comodorense y chubutense, que ya no será el mismo tras su partida.

No fue casualidad que, luego de su deceso todos, luego de rescatar sus valores y acciones propias, hayan asociado su desaparición física con la de otro intendente que se nos fue este año, como fue el doctor Jorge Aubía.

Aubía y Guinle provenían de partidos diferentes, uno era radical y el otro justicialista, y uno (Guinle)  era más carismático  y tenaz que otro (Aubía), pero ambos compartieron una forma de hacer política y un momento muy complicado para manejar la ciudad más populosa e importante de la patagonia sur.

Ambos, en concreto, fueron los jefes  políticos de un Comodoro Rivadavia con un barril del petróleo por el piso y con un escenario nacional de inestabilidad y lejano a  la bonanza económica que disfrutaron otros  intendentes, tanto en lo previo como en el futuro inmediato.

Sin embargo, ambos le pusieron a la representación política e institucional las horas de trabajo necesario y armaron un gabinete que ajustaron a sus claras directivas, que no eran otras que defender  -en primera instancia- los intereses de la ciudad.
Además de las mencionadas dificultades económicas, Guinle tuvo que batallar con un gobernador fuerte como Carlos Maestro, que contó durante un primer tramo con Aubía como vicegobernador, y a quien no dudó en enfrentar, no en el plano político partidario sino en los habituales avances que los mandatarios provinciales hacen sobre las intendencias.

Guinle promovió cambios significativos en la estructura municipal, también en la relación con los sindicatos, y fundamentalmente impuso normativas claves, como la ordenanza 6050, para controlar los avances empresarios sobre los intereses municipales. Fue así que, se terminó con la posibilidad que tenían las prestadores de servicio de imponer costos y tarifas a sus anchas, y se regresó al natural  riesgo empresario, en las audiencias públicas y en las dobles lecturas.

Aubía, que lo sucedió y también en otro momento crítico de la economía, supo continuar con esas gestiones y decisiones, a los que le agregó su propia impronta y sus otros ejes.

Esas ideas fuerzas de cómo pararse como Estado fueron luego modificadas en otras gestiones y recién fueron reestablecidas, hay que reconocerlo y resaltarlo, en lo que respecta a las tarifas por la actual, que decidió derogar el vergonzoso pass through (pas drú) que borró las audiencias, las discusiones tarifarias y pudo al fin conformar el Ente de Control de los Servicios Públicos.

Guinle también avanzó en el plan estratégico para la ciudad, buscando que Comodoro Rivadavia siga creciendo pero con una idea clara y un orden que le permita salir de las construcciones y asentamientos “a la que te criaste”.

Tanto con Guinle como con Aubía, los periodistas podían tener discusiones mano a mano, o en conferencia de prensa, de alto vuelo. El ex presidente del Superior Tribunal, está claro, tenía una forma más confrontativa de ver las cosas, o de defender sus ideas, pero siempre  aceptaba y valoraba el disenso con ideas.  Todo con honestidad, firmeza y caramelos de coca a disposición de quienes frecuentaban su despacho, donde se lo podía encontrar desde la primera hasta la última hora.

Por su enfermedad y por desempeñarse durante 15 años como Senador, donde brilló como ningún otro chubutense, más las traiciones internas, Guinle fue perdiendo protagonismo en las discusiones y definiciones partidarias, donde igual se lo seguía respetando, pese a que había perdido “poder de fuego”

Con Guinle parece haberse ido  esa idea fuerza, y esa decisión de priorizar la defensa de Comodoro por encima de los otros intereses más pequeños, como los personales, los  partidarios y empresarios.

En su homenaje, el Superior Tribunal de Justicia, decidió que la ciudad judicial lleve su nombre. Para que el homenaje sea sincero y efectivo, y no una tomadura de pelo, lo que debe hacer el STJ y el gobierno provincial es concluir ese edificio, que Guinle impulsó para que la ciudad tenga, ni más ni menos, que justicia, o al menos un lugar acorde donde ejercerla.

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